POLITICAS EFICACES SOBRE ENVEJECIMIENTO ACTIVO - Matilde Fernández y Lázaro González

Matilde Fernández y Lázaro González | POLÍTICAS EFICACES SOBRE ENVEJECIMIENTO ACTIVO

El envejecimiento, y especialmente el llamado envejecimiento del envejecimiento, es decir, el de aquellas personas de edades muy avanzadas, cuya situación requiere con frecuencia la atención de otras personas, es una realidad ya omnipresente de nuestras sociedades desarrolladas.
Los programas de los Gobiernos no pueden hacer ya oídos sordos al gran reto cultural, social y económico que supone el envejecimiento de la población y han de asumirlo con inaplazabledentro de sus prioridades de acción política. La urgencia de tener una estrategia sobre el envejecimiento que implique al conjunto de la ciudadaníaestá quedando patente en la actual crisis del Covid-19. Ignorar el problema sería un suicidio político.
Pero no sirve cualquier política, sino solo aquellas que se han demostrado más eficaces, porque han sido evaluadas y han dado unos resultadosclaramente contrastados.
Las políticas que realmente han sido evaluadas como eficaces ante y para el envejecimiento activo, han sido aquellas que reunían, al menos,trescaracterísticas en su diseño:

  1. Desarrollaban acciones positivas ante la longevidad, ante el envejecimiento del envejecimiento.
  2. Las políticas y los programas estaban sostenidos en el tiempo.
  3. Las acciones eran trasversales entre diferentes áreas de la acción política, diferentes administraciones y diferentes actores.

Y todas ellashan implicado la puesta en marcha de acciones positivas.

¿Qué es una acción positiva?
Es la traducción europea de un término americano, “la acción afirmativa” que ya recoge una Ley americana de 1935 para, en el derecho laboral, avanzar en la integración en el trabajo de la población negra y de otras minorías. En 1964 una Ley de Derechos Civiles amplía las acciones positivas al ámbito de la Educación y en el año 1967 se amplía a las discriminaciones positivas por razón de sexo, hasta que en 1972 se aprueba, en aquel país, la Ley de Igualdad de Oportunidades en el Empleo entre hombres y mujeres. Aquí nos detenemos, porque solo pretendemos recordar que, para reducir desigualdades, desde hace ochenta y cinco años, se han utilizado las acciones positivas y dónde empezaron y para qué.
En Europa aparecen las acciones positivas en la construcción del Derecho Comunitario. Si en EE. UU. los protagonistas eran las personas negras y después otras minorías, en Europa las acciones positivas surgen y se llevan a la jurisprudencia y a la acción política para avanzar en la igualdad entre hombres y mujeres.Primero,en el Tratado de Romaen 1957, donde ya se habla de buscar la igualdad salarial en todos los países que forman la Comunidad Europea.  Pero es, en la década de los 70 del siglo XX, cuando el impulso es más importante, al aprobar el Consejo de Ministros, a propuesta de la Comisión, tres Directivas: la Directiva 75/117 de 1975 “sobre la aproximación de las legislaciones de los Estados miembros relativas a la aplicación del principio de igualdad de remuneración entre los hombres y las mujeres”. La Directiva 76/207 de 1976 “relativa a la puesta en práctica del principio de igualdad de trato entre los hombres y las mujeres en el acceso al empleo, en la formación y en la promoción profesional y en las condiciones de trabajo”. La Directiva 79/7 de 1978 “para la puesta en práctica progresiva del principio de igualdad de trato entre hombres y mujeres en materia de Seguridad Social”.
Luego vinieron Recomendaciones del Consejo para desarrollar acciones positivas para combatir el paro femenino, para la igualdad de oportunidades en la Educación y para cualquier esfera de la vida social y laboral. También nos detenemos aquí porque sólo queremos dejar claro que, en Europa, las acciones positivas están interiorizadas activamente desde los años 70 del siglo pasado.
Y no podemos olvidar que en NN.UU. se aprueba, en 1979, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres, que en 30 artículos recorre todos los aspectos sobre los que trabajar para realmente progresar en la igualdad de trato, de oportunidades y en la igualdad real.
Esta nueva posición política de Europaen los años 70 del siglo pasado, coincide con el “nacimiento” de las democracias en los países del Sur, del Mediterráneo y, desde luego, en España, que lo aprovechamos.Nos iniciamos aplicando las acciones positivas en beneficio de las mujeres para corregir sus grandes desigualdades. Acciones positivas que se hicieron constar en los planes de igualdad desde la segunda parte de los años 80. Es decir, incorporando también la trasversalidad. En 1987, se aprueba el I Plan de Igualdad, que fue todo un éxito en el avance del triple reconocimiento de las mujeres, el reconocimiento personal o individual, el reconocimiento social o colectivo y el reconocimiento jurídico o legal.
Sí, en los años 80, en España, se iniciaron las acciones positivas, desde planes integrales y trasversales. Primero hacia las mujeres y a continuación hacia el resto de los colectivos de la población.

Las acciones positivas para el envejecimiento activo en España
En 1990 se elaboró el Plan Gerontológico, se consensuó con administraciones, especialistas y asociaciones durante 1991 y, puesto en marcha, a partir de 1992 dispuso de presupuesto específico.

Tres ministerios se comprometieron con diferentes objetivos, Asuntos Sociales, Sanidad y Consumo y Trabajo y Seguridad Social. Liderado por el INSERSO, el Plan Gerontológico se planteó el desarrollo de:

  • Servicios Sociales Personales, con los programas de ayuda a domicilio y las teleasistencias.
  • Servicios Sociales Comunitarios, con los Clubs, Hogares, Centros de día y Centros de noche y las prestaciones allí desarrolladas.
  • Servicios Sociales Institucionales, con las diferentes Residencias y Pisos Tutelados y sus prestaciones.
  • Servicios de Ocio, Tiempo Libre y Cultura, con los programas de Vacaciones, Termalismo, Universidades Populares y Universidades de Mayores en los Campus Universitarios, así como Teatro, Cine, Rutas Culturales, Museos, Programas intergeneracionales de viviendas compartidas, ….
  • Mejoras en Pensiones. Y
  • Programas de Salud, de Prevención y de Atención especializada.

Desde entonces, siempre se han desarrollado, con más o menos ambición y con más o menos recursos, acciones positivas para desarrollar un envejecimiento activo para la ciudadanía longeva de España. Buenas prácticas y acciones positivas que no hemos de olvidar, ahora que hay que diseñar un nuevo Plan con nuevos contenidos y Estrategias para dar respuesta a las nuevas necesidades y a los nuevos problemas que generan, tanto el envejecimiento del envejecimiento como los modos de vida de la sociedad actual.
Situándonos en 2020 y ante el compromiso de la mayoría de los partidos políticos con responsabilidad de gobierno en las diferentes administraciones, empezando por el Gobierno de la Nación, de elaborar un Plan para el envejecimiento activo y dentro de él un Plan Estratégico ante la Soledad no deseada, queremos expresar en estas líneas los “qués y los cómos” necesarios para desarrollar con éxito esta política, haciendo especial referenciaal grave problema de la Soledad no deseada. No se trata deunproblema nuevo, peroestá ya revistiendo especial gravedad,tanto por el envejecimiento creciente de la población como por las características individualistas de nuestra sociedad derivadas en gran parte de la falta de políticas para garantizar la cohesión social.
Estrategias institucionales deseables sobre la Soledad no deseada en España.
En la línea con lo dicho en las anteriores reflexiones, las administraciones públicas de nuestro país, con una de las poblaciones más envejecidas del mundo, deben acometer de manera urgente el problema de numerosas personas de avanzada edad que se sienten solas y aisladas, y están padeciendo una especie de muerte social prematura. Está claro que sin recibir ayuda en su situación es imposible hablar de un envejecimiento activo.
El Programa de Gobierno, firmado por el PSOE, IU y Podemos, deja claro en su punto 2.3.4 que se pondrá en marcha una Estrategia frente a la Soledad no deseada. El IMSERSO ya se ha puesto a trabajar en ello.Para ello es necesario, como lo ha sido en otros países de nuestro entorno europeo:

  • Disponer de un Observatorio y Centro de Investigación Social para dar a conocer y evaluar las buenas prácticas que en cualquier ámbito se estén realizando.
  • Mantener un Foro de diálogo permanente para tomar decisiones sobre las políticas más certeras y eficaces, así como para desarrollar los valores de responsabilidad comunitaria tan necesarios para hacer frente a este reto.
  • Impulsar todas las Redes posibles, con el máximo de actores partícipes, para poder dar respuestas reales y concretas y en cada barrio de cada ciudad y pueblo a este fenómeno creciente de aislamiento y soledad.
  • Transversalizar,comprometiendo a todos los ministerios que tengan competencias para hacer frente a las diversas causas que tienen que ver con los fenómenos de soledad.

Para poner en valor el buen aprendizaje que tenemos en nuestro país, deberemos contar con lo bien hecho en la Red de Ciudades Amigables. Ya 189 municipios están preparados y experimentados en desarrollar medidas para el envejecimiento saludable y que muchas de ellas lo son también para evitar el aislamiento y la soledad.
Cierto que el Programa nace en NN.UU., en la OMS, para la prevención y la promoción de la salud, pero, cuando se une a él Europa y sus instituciones y se elabora la Estrategia Europea para el envejecimiento activo, junto con el objetivo de prevención y promoción de la salud, se incorporan los objetivos de: apoyos y cuidados necesarios y potenciación de la vida autónoma de las personas. Se desarrolla y busca un sistema sanitario y un sistema social eficiente y sostenible que llegue al envejecimiento del envejecimiento, a toda la vida de las personas.
Detectaremos, visibilizaremos, buenas experiencias que con un protocolo más, con una mirada más, con una propuesta más, llegaremos a atender las diferentes soledades que las sociedades actuales producen.
Así ha de suceder con todas las acciones positivas impulsadas por las administraciones, con los servicios sociosanitarios para atender a las personas mayores.Pondremos unsencillo ejemplo, el programa de vacaciones o el programa de balnearios, si los dotamos de una encuesta final preguntando por las posibles situaciones de soledad y lo que nuestros mayores desearían o buscarían, podemos obtener una información valiosa a trasladar al territorio concreto para actuar con diferentes propuestas. Lo mismo pensamos cuando vemos el gran número de centros sociales y culturales en los que se pueden desarrollar programas ya volcados en el envejecimiento del envejecimiento y en la soledad.
Todo lo dicho se aplica a la lucha para acabar con la soledad no deseada, ya que la atención a las personas mayores y otros grupos que la sufren no tiene otro objetivo que su incorporación a la vida de la comunidad en que viven. En el caso de las personas mayores solaslograr este objetivo constituye un elemento esencial de su envejecimiento saludable.
Finalmente cabe enfatizar que el combate contra la soledad no deseada va a implicar unesfuerzo por el trabajo intergeneracional y la movilización del conjunto de la sociedad y sus recursos, no solo de los poderes públicos, en favor de una mejor convivencia y cohesión social, para que nadie quede al margen o aislado de la vida de la comunidad.


Matilde Fernández y Lázaro González son respectivamente Presidenta de Honor y Presidentede la Asociación contra la Soledad